La violencia de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra la Iglesia católica en Nicaragua

Pese a que los obispos propusieron a Ortega opciones para poner fin a la crisis sociopolítica de Nicaragua, el caudillo les pagó con violencia y calumnia al señalarlos de golpistas

***Observatorio Nicaragüense de la Violencia, presenta en este reportaje como el régimen ha impulsado una escalada de violencia contra el clero de Nicaragua desde que  en 2014 la institución religiosa le advirtió que buscará solución pacífica a los principales problemas del país.

***Sin embargo, la política de odio de Ortega y Murillo contra la Iglesia y algunos obispos se ha manifestado con toda su fuerza desde la represión estatal de abril de 2018; cuando la mayor parte de la población del país salió cívicamente a las calles a pedir la salida del poder del régimen, una posición que el Episcopado vio como solución tras una década de
autoritarismo

Emiliano Chamorro Mendieta e Israel González Espinoza
Especial para SOSViolencia
El presidente Daniel Ortega inició su guerra pública contra la iglesia católica en Nicaragua, en julio de 2018, cuando calificó al Episcopado de “golpistas” al pedir el adelanto de las elecciones presidenciales para facilitar una salida política a la crisis sociopolítica iniciada en abril de 2018.

“Yo pensaba que eran mediadores, pero no, estaban comprometidos con los golpistas. Eran parte del plan con los golpistas”, dijo un Ortega furibundo el 19 de julio de 2018.
Además, acusó a la jerarquía católica de prestar las parroquias para almacenar armas y  torturar adeptos de su administración, unos señalamientos de los cuáles el mandatario no
presentó ninguna prueba.

Previamente al ataque verbal de Ortega; los obispos de Nicaragua –mediadores, por invitación del propio gobierno, del primer diálogo nacional- manifestaron que la solución a la problemática nacional pasaba por la salida de líder del partido FSLN de la primera magistratura del país.

“Me dolió que los señores obispos tuvieran esa actitud de golpistas”, añadió el caudillo ese mismo día; que se conmemora la caída de la dictadura de la familia Somoza, ocurrida en 1979.

El 19 de julio de 2018, el dictador, Daniel Ortega, cargó su odio contra los obispos de Nicaragua al señalarlos de golpistas. Era el mensaje de guerra y odio de la dictadura contra la Iglesia católica. Fotografía/ Cortesía

EL “AVISO A NAVEGANTES” DE LOS OBISPOS A DANIEL ORTEGA
Tras el nombramiento cardenalicio de Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua; el gobernante  accedió por primera vez en casi una década a recibir a la Conferencia Episcopal de Nicaragua en pleno. El encuentro, realizado en la sede de la Nunciatura Apostólica bajo los auspicios del entonces embajador del Vaticano Fortunatus Nwachukwu; sirvió para que la jerarquía católica le entregaran el documento “En búsqueda de nuevos horizontes para una Nicaragua mejor”, que era una radiografía de todos los problemas del país.

Los obispos en el documento cuestionaban las ambiciones de poder de Daniel Ortega
y Rosario Murillo, por medio de una frase elocuente: “Los años pasan y nadie es eterno”.
Esa noche (21 de mayo, 2014), Ortega se burló de los obispos, confesó tiempo después monseñor Juan Abelardo Mata –actual portavoz de la Conferencia Episcopal-, cuando éstos le entregaron un extenso documento en el que le enumeraban todas las problemáticas que –desde la visión de la jerarquía católica vivía Nicaragua, sobretodo en el tema institucional y de los derechos humanos.

“En un país como Nicaragua el respeto y la fortaleza de la institucionalidad no sólo es indispensable, sino que adquiere carácter de urgencia política, pues somos un pueblo con una memoria relativamente reciente de lucha antidictatorial motivada por el cierre de los espacios democráticos y, al mismo tiempo, lamentablemente somos un pueblo con una cultura política marcada por las ambiciones de poder, el mito de los caudillos mesiánicos y los fraudes electorales. No podemos olvidar la historia”, puntualizaban los obispos en ese documento.

 

En el encuentro de más de cuatro horas, Ortega se dedicó a arengar contra el llamado matrimonio homosexual y el aborto, según el testimonio del obispo Mata.

INICIAN ATAQUES CONTRA IGLESIA
Después de ese episodio, llegaron medidas arbitrarias desde el oficialismo contra la iglesia. Una de estas medidas era la retención de las donaciones que venía del extranjero para la obra social de la Iglesia que realiza desde hace más de 50 años a través de la pastoral de Cáritas de Nicaragua.

La cooperación internacional retenida a Cáritas consistía en alimentos, medicina y otros artículos de asistencia social que se reparte en la red de dispensarios sociales que posee la Iglesia en toda Nicaragua.

El violento ataque contra la imagen de la Sangre de Cristo, en Catedral de Managua, es un episodio del odio del r{gimen contra la Iglesia católica, al atentar contra una de las imágenes más veneradas de Nicaragua

 

Los cargamentos, denunciaron sacerdotes, pasaban mucho tiempo en las bodegas de la Dirección General de Aduanas (DGA).

“Pasan órdenes de arriba y la parte operativa no la cumplen. Entonces de nada nos sirve tener contacto con la subdirectora de la DGA, si en la parte operativa obstaculizan en proceso”, puntualizó en 2015 el entonces director de Cáritas, Uriel Vallejos, tras una de las retenciones de donaciones hechas por la institución estatal.

LA REBELIÓN DE ABRIL ENCARNIZÓ MÁS ODIO CONTRA LA IGLESIA
La crisis sociopolítica iniciada en abril de 2018 fue encabezada por jóvenes universitarios que se unieron a personas de la tercera edad que protestaban contra medidas de corte neoliberal contra el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). La represión del Estado contra manifestantes pacíficos, transmitida en vivo por la televisión y medios de comunicación en redes sociales; desencadenó masivas movilizaciones a lo largo del país contra el autoritarismo gubernamental.

La Iglesia, quién vio con simpatía la protesta pacífica, otorgó al naciente movimiento el respaldo definitivo cuando los obispos de Managua Leopoldo Brenes y Silvio José Báez se presentaron en la Catedral de Managua para manifestar su cercanía a los manifestantes. El templo servía como sede de acopio de víveres y ambulatorio improvisado.

La Iglesia Católica evitó la muerte de centenares de personas durante la represión de 2018.
“Yo quisiera agradecerles en nombre de la Iglesia, porque ustedes (jóvenes) son la reserva moral de éste país. ¡Gracias porque ustedes han despertado a esta nación! (…). Estén atentos. No caigan ante las intimidaciones, no se dejen llevar nunca por la violencia. Su protesta es justa y la Iglesia los apoya. Y no sólo los apoya, sino que como decimos en el comunicado de ayer los obispos, no sólo los apoyamos, sino que los instamos, los animamos a que no cesen en su protesta que es una causa justa”, dijo el obispo Báez, acuerpado por la curia diocesana de Managua.

La rebelión de abril de 2018, marco el aumento de la represión contra la Iglesia católica en Nicaragua

Las protestas se masificaron a medida que la represión de los cuerpos de seguridad del Estado iba en aumento. Tras seis días de protestas, Daniel Ortega convocó a un diálogo nacional y pidió a la Iglesia ser “testigo, mediador y garante del mismo”.

Así fue que da inicio el diálogo de mayo de 2018. Ortega –según varios obispos nunca mostró voluntad política para resolver la crisis sociopolítica y más bien recrudeció la represión contra los ciudadanos mientras simulaba dialogar y donde la Iglesia católica hacía incesantes llamados a la paz.

En el mes de julio de 2018, el país estaba convulsionado. Ortega lanzó una ofensiva contra los ciudadanos con paramilitares. Se atacaron marchas de autoconvocados y opositores y hubo centenares de heridos y varios fallecidos por arma de fuego, como luego certificaron organismos de derechos humanos. Las ciudades más afectadas por la represión estatal fueron Masaya, Carazo, Managua y León.

En junio de 2018, la Obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua se dirigieron a Masaya durante una intensa ofensiva de las fuerzas del régimen. La población agradeció su presencia en las calles con llantos y oraciones.

En esa operación, la violencia contra la Iglesia católica fue más severa. El sacerdote Pedro Méndez, párroco de la parroquia María Magdalena, en Monimbó, Masaya, fue salvajemente torturado por paramilitares dentro de la parroquia. Según el relato del religioso, los sujetos le exigían dijera “dónde estaban las armas”, siendo fuertemente golpeado y amenazado.

El padre Edwin Román, también de Masaya, sufrió vejámenes por parte de la Policía
a cargo del comisionado general y subdirector de la policía de Ortega, Ramón
Avellán; acusado por Estados Unidos por crímenes, genocidio que también le valió
que ese país lo sancionara por violaciones a los derechos humanos.

El padre Edwin Román, fue golpeado y amenazado en julio de 2018, en Diriamba, donde turbas y fanáticos, golpearon al Obispo Silvio Báez, al representante del papa en Nicaragua, al cardenal Leopoldo Brenes y varios sacerdotes del clero de Managua

Debido al incremento de la represión generalizada en el país, algunos sacerdotes
tuvieron que ser removidos de parroquias por sus obispos ante las amenazas de
fanáticos del partido de gobierno y el asedio policial y paramilitar.

Un caso que quedará grabado por siempre en la mente de los nicaragüenses será el ataque a la parroquia Divina Misericordia, en Villa Fontana, en Managua, el viernes 13 de julio de 2018. Las balas de la policía y los paramilitares de Ortega están allí impregnadas en las paredes y la venerada imagen de la Divina Misericordia, como símbolo de la barbarie orteguista contra la Iglesia católica.

EL EXILIO FORZADO DEL OBISPO AUXILIAR SILVIO JOSÉ BÁEZ
Todo el recrudecimiento contra la Iglesia llegó a otro nivel, con el exilio forzado de monseñor, Silvio José Báez, Obispo Auxiliar de Managua, en abril de 2019. Esto tras una campaña infamante en su contra emprendida en 2018 por el régimen y una polémica levantada de firmas liderada por marxistas que lideran una fallada secta religiosa del FSLN, la autodenominada “Comunidad de base San Pablo” ubicada en una zona deprimida de la capital.

“Yo no he pedido salir, he sido llamado por el santo padre. Esta decisión que yo abandone Nicaragua es una responsabilidad del santo padre”, indicó durante la rueda de prensa en la sede del Arzobispado monseñor Báez.

“Pido disculpas al pueblo de Dios al no haberme entregado más, pero me voy con la conciencia
tranquila de haber cumplido con el ministerio que me fue encomendado”, afirmó Báez, pero con un rostro opacado por el cansancio y la presión que el país vivía en ese momento.

Para el sociólogo Oscar René Vargas la salida de Báez se debió a una conspiración del régimen en complicidad con el actual nuncio apostólico en Nicaragua, monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag.

“La expulsión y exilio de Báez fue una conspiración combinada entre el nuncio Waldemar con la dictadura. Eso no solamente representó un golpe para la Iglesia sino para la feligresía que miraban en Báez una voz firme en la defensa de sus derechos”, asegura Vargas, sociólogo, ex fundador del FSLN y analista político.

Recibidos por los fieles, los obispos llegan a Masaya en junio de 2018, evitando ese día (21 de junio), que el comisionado Ramón Avellán, provocara más derramamiento de sangre.

 

“LA PRÉDICA DE ODIO” DE ROSARIO MURILLO
La vicepresidente y esposa de Ortega, Rosario Murillo, desde la crisis de abril de 2018 ha hecho de la retórica del odio una de sus características comunicacionales donde falseando el idioma habla de amor, paz y solidaridad, pero en realidad maneja “una prédica de odio” contra la Iglesia católica.

En mayo de 2020, en una de sus alocuciones la esposa de Ortega acusó a sacerdotes y obispos de bendecir lo que calificó como “terrorismo criminal” al referirse al supuesto “golpe de estado” y de realizar “manipulación de la fe” desde los púlpitos.

Manifestó en su crudeza contra la Iglesia que “nunca se borrará el sonido de las campanas al vuelo, curiosamente, llamando a matarnos”, en referencia a los sonidos de alertas de ataques de policías y paramilitares que se hicieron desde varios templos religiosos durante las protestas.

“Haciendo llamados desde campanarios de odio y siendo parte de la pandemia del odio. Eso no se puede ocultar, el odio, la intriga y las ambiciones política que llevan a usar cualquier falsedad, para sembrar cizaña”, vociferó Murillo en mayo 2020, en referencia a los obispos y sacerdotes.

Los insultos de la portavoz gubernamental del régimen han sido parte de su diatriba de odio contra los ciudadanos, obispos y sacerdotes. Desde abril 2018, Murillo inició a calificar a los estudiantes y auto convocados que demandaban su salida y la de Ortega de “vampiros chupa sangres, minúsculos y mediocres, vende patrias, cobardes y puchitos, chingastes, tóxicos, rastreros, vandálicos, terroristas, lenguas afiladas, seres pequeños, perversos, envenenados, destructores, diablos, sádicos, satánicos, demonios, criminales mareros, aliados del imperialismo, anticristos y enviados de la oscuridad”. Todo un diccionario de descalificativos por parte de Murillo para insultar a quienes califica como sus enemigos.

EL COSTO PARA LA IGLESIA CATÓLICA
Ser sensible a la población durante la actual crisis sociopolítica ha puesto en la mira de los ataques gubernamentales a la Iglesia católica. Este año, el régimen Ortega Murillo desató una serie de ataques contra templos y símbolos religiosos; algo que ha herido la sensibilidad de los creyentes católicos, que en Nicaragua continúan siendo la mayoría de la población.
El teólogo laico José Argüello, tiene su apreciación, ante la campaña de odio desatado por el régimen contra la Iglesia católica.

Otra acción de Ortega contra la Iglesia católica ha sido la clausura de Cáritas de Nicaragua, a quien no le validan su documentación como ong con lo cual le ponen un candado a su labor social caritativa al bloquearle reciba cooperación internacional. Fotografía/ Emiliano Chamorro

“Para mí es inexplicable, porque es completamente irracional, desde todo punto de vista político. Es algo que ofende y lastima el corazón del pueblo y genera rechazo y repudio”, afirma Argüello, al referirse a los ataques del régimen contra la Iglesia católica.

Así quedó la Iglesia Divina Misericordia en Managua tras 24 horas de ataques armados de fuerzas paramilitares tras la toma de la UNAN-Managua el 13 de julio de 2018.

En ese sentido, Arguello, califica de venganza, los ataques en contra de la Iglesia. “Evidentemente es también una venganza por la postura crítica de la Iglesia, que incomoda al régimen, pues desacredita su relato (de señalamiento de golpistas) que aspira a ser el único”, añade Arguello.

LOS ATAQUES QUE PARECIERAN NO CESAR
El obispo Abelardo Mata, vocero de la Conferencia Episcopal de Nicaragua y Obispo de la Diócesis de Estelí, es uno de los jerarcas católicos más perseguidos por Ortega y Murillo debido a sus críticas frontales al poder.

Recientemente, a monseñor Mata, el régimen de Managua le cerraron el Instituto Técnico Agropecuario, argumentando una serie de “incumplimientos” con el órgano rector de la educación técnica de Nicaragua, INATEC.

“Son puros argumentos, si hay ciertas obligaciones que no hemos podido cumplir, lo reconocemos; pero no era para mandar a cerrar el centro. No les ha importado que muchos jóvenes se continúen preparando y lo hacen cuando el año de estudios está por culminar. Es parte de la represión de esta dictadura para callarnos y amedrentarnos. No nos callarán, seguiremos siendo voces de los sin voz y estaremos al lado de los justos”, aclara monseñor Mata.

El religioso; dentro de sus planes de ampliar la educación en su zona tenía previsto inaugurar  en enero próximo una extensión del Instituto en El Jícaro, Nueva Segovia; sin embargo, el régimen le notificó que no puede abrir el centro educativo.

“Y esto que es para educar a nuestros jóvenes. No hay compasión, no hay visión, solamente hay visión de dañar y es una visión de daño contra la Iglesia, sin ponerse a meditar que le están quitando las aspiraciones a los jóvenes a preparase con una carrera técnica en la agricultura y ser más útiles a su Patria”, enfatizó el obispo Mata.

SOCIÓLOGO: “NO HAN PODIDO DOBLEGAR A LA IGLESIA”
El sociólogo Oscar René Varga sostiene que la rudeza con la cual el régimen ataca a la Iglesia católica, es porque no la han podido doblegar o comprar como hicieron con algunas figuras importantes, como el ex arzobispo de Managua, Miguel Obando y Bravo, fallecido en junio de 2018.

“Ellos, el régimen, buscan neutralizar, adormecer o comprar a todos los sectores sociales ¿cuáles en específico?, a los sectores que se movilizaron, a los jóvenes en general, a quienes el orteguismo les repartió palo, plomo y cárcel y así lo han venido haciendo con el gran capital, a quienes presionan desde varios flancos y distintas maneras, a unos les dan prerrogativas, a otros de todo, a otros los ahogan con los impuestos y algunos les ofrecen negociar por debajo de la mesa, esto último lo representa la tendencia de Michael Healy”, sostiene el sociólogo y analista político.
Otro poder fáctico, de acuerdo a Vargas, que es un estorbo para la dictadura son los periodistas “a quienes reprimen, les recetan palo y cárcel”, sin embargo, afirma el sociólogo, la dictadura no ha podido doblegar a la Iglesia católica ni al periodismo independiente.

“El único poder fáctico que ellos no han podido controlar es la iglesia en su conjunto. Ellos tenían antes a Obando y Bravo, pero este murió y no han podido sustituir el papel de Obando, quien en su momento tuvo mucho poder y lo doblegaron; pero este murió, y sus más cercanos, Eddy Montenegro, Bismarck Carballo y Toño Castro no tienen la fuerza política interna en el interior de la iglesia para jugar el papel de Obando”, subraya el sociólogo.

Y en ese intento, según Vargas, por parte del régimen de controlar al Episcopado, han tratado de hacerlo a través de los dos últimos nuncios apostólicos, pero tampoco han podido.

“Ortega y Murillo pensaron que a través de la represión iban a neutralizar al Episcopado y sacerdotes, pero la represión ha sido tan dura que obispos y sacerdotes como el padre Edwin Román que han sido atacados cruelmente, de alguna manera fue una forma de presionar a la CEN y cerrar filas en la defensa de sus sacerdotes”, puntualiza el analista.

La imagen de monseñor Silvio Báez, Obispo Auxiliar de Managua, cuando fue herido por paramilitares y fanáticos que arengaron contra el clero en Diriamba, en julio de 2018

Para el sociólogo, los ataques a parroquias y templos ocurrida a lo largo de 2020 en Nicaragua es una manifestación de odio del régimen contra la iglesia, pero que el efecto que crea el régimen en la feligresía es de rechazo y que los fieles a su vez acuerpen más a la Iglesia.

“(Ortega) no ha podido doblegar a la Iglesia católica, y sumemos esto a los ataques a las parroquias, la imagen de la Sangre de Cristo y tantas imágenes que han profanado y esto si duele a la Iglesia y la feligresía y con esto el régimen se echa a todo un pueblo encima”, concluyó Vargas.

Hasta hoy, la Iglesia católica sigue firme en sus planteamientos en que solamente por la vía pacífica y constitucional se puede poner fin a la crisis sociopolítica que vive Nicaragua y con esto, el fin de la represión que ha costado la vida de centenares de personas, más de 90 mil nicaragüenses en el exilio y encarcelados políticos, y, además, el secuestro de los derechos y garantías constitucionales.

 

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